Pescador

Un hombre se despierta en la mañana y decide ir a pescar. Va al embarcadero, se sienta, saca su sedal de pesca y lo lanza al agua. En el embarcadero hay otro pescador que parece estar pescando bastantes peces. Este pescador toma cada pez que pesca y lo lleva a un lado del embarcadero, donde hay un medidor. Después de medir cada pez, guarda unos cuantos y lanza otros al agua.

Después de observar este comportamiento durante un rato, el primer hombre se aproxima al otro pescador y le dice: «¿Qué ocurre? ¿Por qué estás lanzado algunos peces de vuelta al agua y quedándote con otros?

¿Qué estás buscando?»
El otro pescador le contesta: «Tengo una sartén de treinta centímetros en mi casa. Los únicos peces que guardo son los menores de treinta centímetros. Los peces que son más grandes no puedo utilizarlos, así que los lanzo al agua».

Como este pescador, nos limitamos a nosotros mismos sin siquiera darnos cuenta. Estamos intentando encajar la
abundancia infinita del universo en nuestra pequeña sartén. El universo quiere darnos todo, pero no podemos reci-
bir todo lo que está disponible para nosotros.

¿Qué pasaría si expandiéramos nuestra vasija en lugar de poner límites a nuestra abundancia?

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