La importancia práctica y espiritual de Jánuca

Los kabbalistas enseñan que el propósito de las festividades no es simplemente conmemorar eventos históricos o continuar una tradición. Las festividades son momentos en los que un canal espiritual particular está disponible para que nos conectemos con la Luz del Creador.

Estos canales son obsequios que nos dieron los gigantes espirituales de generaciones pasadas. A través de sus acciones positivas crearon viaductos espirituales por los cuales la Luz de los mundos superiores entra a nuestro mundo físico y dichos canales reaparecen cada año.

Los israelitas que vivieron en la época original de Jánuca estaban dispuestos a ir más allá de los límites para combatir contra los poderes de negatividad y permitir la revelación de la Luz del Creador. Su dedicación desinteresada reveló la Luz de los milagros y, de este modo, hicieron que el canal de milagros estuviese disponible para que todos nosotros nos conectemos durante la festividad de Jánuca.

Es importante que nos demos cuenta de que todos necesitamos milagros. Si nos dedicamos a desarrollarnos espiritualmente y a transformar nuestra naturaleza, necesitamos la ayuda del Creador, una ayuda que nos es dada en esta época a través del poder de los milagros.

Los milagros no son sólo las cosas notables y extraordinarias que ocurren cuando oramos por ellas. Los milagros más grandes son los que no vemos.

Durante los ocho días de Jánuca se nos da el obsequio de atraer a nuestra vida la Luz y el poder de todo tipo de milagro. ¿Cómo abrimos este obsequio? Los kabbalistas enseñan que debemos realizar acciones físicas para despertar y atraer Luz espiritual. 

Las acciones que realizamos en esta festividad fueron establecidas hace siglos después de la destrucción del Templo Sagrado. En aquel momento casi no había aceite para encender el candelabro del Templo. Lo poco que había sólo era suficiente para mantener el candelabro encendido por un día, pero gracias al deseo sincero que la gente tenía de encender el candelabro, esa pequeña cantidad de aceite duró ocho días, tiempo suficiente para preparar más aceite.

Por esa razón no sólo encendemos las velas sino que nos quedamos frente a ellas por lo menos durante media hora para absorber esta espectacular Luz.

Uno de los principios kabbalísticos básicos es que la cantidad de Luz que una acción espiritual revela depende de nuestro entendimiento de su poder. Por eso, cuando encendemos las velas cada noche de Jánuca, es importante que pensemos en la gran Luz que estamos revelando. Este entendimiento, junto al encendido físico de las velas, trae a nosotros la Luz de los milagros.

Una vez que entendamos el poder y la oportunidad de Jánuca, comenzaremos a apreciar el gran obsequio que está disponible para nosotros durante esta bella época del año.

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