19 días del Omer: Tercera semana, Quinto día

HOD DE TIFÉRET

La Humildad de la Misericordia

Puedo ser misericordioso porque Dios me otorgó esa oportunidad. Mi felicidad se fundamenta en el ejercicio de la misericordia porque Dios me sitúo en esa posición. No puedo enorgullecerme de mi misericordia. Es posible que mi propia elevación espiritual dependa de los actos de misericordia que realizo o tengo posibilidad de realizar. Así que jamás puedo jactarme de mis actos de misericordia. No puedo ser soberbio por mis actos de misericordia. Debo tener presente que es el necesitado quien me permite ejercer mi misericordia. Soy yo quien le debo al otro la oportunidad de ejercer esa virtud.

La energía que estamos estudiando es fundamental para comprender que en los actos de ayuda al prójimo estoy cumpliendo la Torá, que es el objetivo para el que fuimos creados. Debo percibir a quien ayudo como un ser humano en el mismo nivel espiritual que yo o quizás en un nivel superior. No puedo minusvalorar al otro porque me necesita; al contrario, el necesitado me otorga la posibilidad de ejercer la misericordia.

Seguramente el otro, en mi situación, hubiera hecho más que yo. Debo ser humilde respecto a mi pequeño acto. No debo ostentar exteriormente mis actos de misericordia. El verdadero premio por el acto misericordioso es la felicidad interna y no la felicitación externa de los demás.

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