16 días del Omer: Tercera semana, Segundo día

GUEVURÁ DE TIFERET

La Fortaleza en el Equilibrio

Algunos autores la denominan como disciplina en la compasión. La gran pregunta aquí es cómo limitamos o restringimos nuestra compasión a los demás. La disciplina que debemos tener en la misericordia es necesaria para que sea una auténtica misericordia. Quien otorga el amor de Jésed debe saber que lo tiene que entregar con límites para obtener el equilibrio de Tiféret. Si no hay posibilidades de establecer esos límites, no alcanzaremos el verdadero equilibrio.

Debemos ser conscientes de las restricciones necesarias para lograr el equilibrio. Las restricciones deben establecerse de acuerdo a la fortaleza de nuestra personalidad. Las restricciones no son negativas, son una forma de amar; por ese motivo es tan importante esta fuerza. Nunca la misericordia debe ser percibida por los otros como debilidad. Debemos ser fuertes en el amor y restringir cuando podemos hacer daño o cuando creemos que ayudamos pero, en realidad, podemos llegar a destruir. Nuestra necesidad de dar no es la misma que la necesidad de recibir del otro. Debemos restringir nuestra necesidad de dar y pensar en las necesidades reales de quien recibe. Si no alcanzamos un verdadero equilibrio en Tiféret es porque, posiblemente, nuestro Jésed no se encuentra equilibrado por Guevurá.

Debo ser fuerte para que mi misericordia no sea percibida como una debilidad. Debo ser un misericordioso fuerte, un misericordioso con límites bien precisos. No debo dejar que los demás se aprovechen de mi bondad (Jésed). Debo ser y estar en armonía, porque tengo un componente de fuerza por el cual se me respeta. Sé decir no y, aunque el otro se moleste, estoy tranquilo con mi actitud porque logré el equilibrio. Quien me fuerza a decir no es porque pensaba (con intención o no) desequilibrarme. Puedo ser fuerte sin ser severo y puedo ser bueno sin ser débil. Esta es la enseñanza de esta energía que hemos denominado como fortaleza del equilibrio. No soy débil por aceptar ser equilibrado, sino que soy realmente fuerte cuanto más equilibrado me encuentro.

No es importante que el otro me perciba como severo, si tan solo soy consciente de ser fuerte. Debo ser bueno para no ser débil. Muchas veces, algunas personas creen que la bondad es debilidad. Quien acepta mi bondad, tal como es, me respeta; quien cree que mi bondad significa una debilidad, entonces, me menosprecia. Mi debilidad puede ser causa de los desbordes de los otros; por ese motivo, mi bondad no debe ser nunca percibida como debilidad. Debemos tener cuidado con las formas de pronunciarnos y cómo decimos no. Es importante que el otro comprenda que nuestra negación no constituye una cuestión personal, sino una cuestión de desarrollo espiritual interno.

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