Josef y la vaca

Kabbalah: Historia de la semana

Hace muchos años, en un lugar de Europa Oriental, vivía un hombre llamado Josef. Él y su esposa, Rebeca, eran muy pobres, su hogar no era más que una casucha y su única posesión era una pobre vaca flaca, de cuya leche y queso apenas alcanzaban a alimentarse.

Un día, poco antes del atardecer, llego a casa de Josef un visitante. Era un importante cabalista conocido como el Baal Shem Tov, quien venía acompañado por sus alumnos.

Josef, sorprendido, los invito a pasar.

Los visitantes venían hambrientos, y Josef, tratando de quedar bien les prometió una gran cena.

Al escucharlo, su esposa le dijo al oído: ¿que vamos a hacer? No tenemos nada! A lo que él le respondió: No podemos quedar mal! El es un gran hombre. Venderemos la vaca para comprar comida!

Y así lo hizo, Josef salió al pueblo y al regresar ya traía consigo deliciosos cortes de carne, verduras frescas y un exquisito vino.

El Baal Shem Tov y sus alumnos cenaron complacidos. Después de cenar se despidieron y se marcharon.

Josef y Rebeca se quedaron en su casa, contentos por haber recibido tan honorable visita, pero muy preocupados porque habían perdido la única posesión que tenían. Su único sustento!

Desesperado, e incapaz de ver a su esposa llorar, Josef salió al bosque en medio de la noche.

Camino durante algún tiempo, preguntándose cómo iba a resolver esa situación, si tan solo el Baal Shem Tov no se hubiera presentado en su casa!

Cansado, abatido, Josef cayó de rodillas y empezó a rezar, entonces escuchó un quejido; se adentró en el bosque y vio a un hombre moribundo, corrió a ayudarlo. El hombre lloraba, y entre sollozos le contó a Josef que él era muy rico, pero que a su esposa y a sus hijos solo les interesaba el dinero. Josef trató de consolarlo y el hombre le dijo: Ni mi esposa ni mis hijos podrán disfrutar de las riquezas que he acumulado, pues todo lo he enterrado en este bosque. -Tu eres un buen hombre, te has preocupado por mi y has intentado ayudarme, déjame recompensarte- y sacó de su bolsillo un papel doblado. Antes de poder decir otra cosa, el hombre murió.

Josef tomó el papel y al desdoblarlo se dio cuenta de que era el mapa del lugar donde el hombre había enterrado sus riquezas.

Pasaron varios años y un día, cuando el Baal Shem Tov y sus alumnos iban caminando, se toparon con un majestuoso carruaje y dentro de él vieron a Josef y a Rebeca.

Los alumnos, recordaron a aquella pobre pareja que les había dado de cenar y sorprendidos se preguntaron cómo era posible.

El Baal Shem Tov sonriendo les dijo: Josef estaba destinado a la abundancia y a la felicidad, como todos lo estamos, pero él nunca vio más allá porque se conformaba con lo que poseía. Para él hubiera sido suficiente pasar el resto de su vida con su vaca flaca. Por eso tuve que ayudarlo, darle un empujón para que se deshiciera de ella y pudiera alcanzar la plenitud!

Todos tenemos en nuestra vida esas «vacas flacas» que aparentemente nos dan seguridad, pero que son un obstáculo para alcanzar la felicidad plena.

Hoy te invitamos a reflexionar, ¡aventúrate más allá! ¡Decídete! La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina.

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