El poder de la autoestima

El poder de la autoestima

La mayoría de nuestros problemas en la vida provienen de nuestras inseguridades, y la mayor inseguridad es que no logramos ver el poder ilimitado que habita en nuestro interior.

Los kabbalistas enseñan que cuando entendemos el verdadero valor de nuestra alma, cambia la manera en la que vemos el mundo. Dejamos de tener celos, enojo o rabia porque entendemos que nada puede disminuir nuestro valor. También comenzamos a entendernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean de una forma más profunda.

Considera el caso de un billete de $100. Si lo arrugaras, lo pisaras, le escupieras y lo restregaras en el lodo, seguiría valiendo $100 al fin y al cabo. Lo mismo sucede con nuestra alma. Nuestras dificultades, errores y fracasos no reducen el valor de nuestra alma. Nada ni nadie puede disminuir ese poder porque es un poder innato en nosotros, es tan nuestro como el ADN.

La mayor parte de los problemas que enfrentamos en la vida comienzan a surgir cuando no reconocemos nuestro propio valor. Envidiamos a otras personas que tienen algo que nosotros creemos que nos falta. Nos mortificamos cuando creemos que algo anda mal con nosotros. Nos ponemos a la defensiva cuando la gente señala nuestros defectos porque no queremos admitir que los tenemos o no queremos enfrentar las cosas en las que debemos trabajar. Si de verdad supiéramos nuestro valor personal, no nos afectarían tanto estas cosas.

Entonces, ¿cómo aprendemos a conectarnos mejor con nuestra alma? ¿Cómo desarrollamos una autoestima más fuerte?

A veces vemos a los demás y envidiamos su éxito o buena fortuna. Otras veces, los vemos como inferiores a nosotros debido a las decisiones que han tomado o el estado actual de su vida. En ambos casos, nuestro ego está impidiendo que tengamos verdadera claridad. Cuando desarrollamos nuestra autoestima, no sentimos envidia ni superioridad. Reconocemos que no somos ni mejores ni peores que nadie más.

Recuerda que cada persona es única. Cada uno tiene un propósito especial en este mundo, y parte de ese propósito es el proceso de transformación. Este proceso involucra desafíos particulares para cada uno de nosotros. Así que, ¿para qué comparar tu recorrido con el de alguien más? Ellos tienen su propio propósito y sus propios obstáculos, los cuales no tienen nada que ver con los tuyos.

El trabajo espiritual es ser mejor de lo que fuiste ayer, no mejor que la persona que tienes al lado.

Confía en el hecho de que la grandeza existe en tu interior, aunque sea difícil verla a veces. Todos tenemos fortalezas y debilidades. No te enfoques únicamente en las debilidades. ¿En qué eres bueno? ¿Eres buen amigo, buen trabajador, buen oyente?

No se trata solo de hacernos sentir seguros de nosotros mismos. Hay una razón por la cual fuimos bendecidos con estas habilidades. Son herramientas destinadas a ayudarnos a alcanzar nuestro propósito supremo. Cuando aprendemos a reconocer los dones que tenemos, comenzamos a usarlos para mejorar el mundo.

Tener autoestima no significa pensar que eres perfecto. Así como tenemos fortalezas, también tenemos cosas en las que necesitamos trabajar. Reconocer y aceptar esto sin permitir que nos derrote es fortalecedor.

El trabajo de nuestra vida es superar estos obstáculos, y el propósito de ellos es desafiarnos. No deben ser fáciles. Eso no significa que algo ande mal con nosotros. A veces nos esmeramos tanto en intentar arreglar estas cosas que olvidamos el asombroso poder que tenemos internamente.

Recuerda que nuestras dificultades nos están moldeando de la manera que el Creador quiere para nosotros. Cuando reconocemos nuestro valor propio, podemos usar estos desafíos para crecer y cambiar, sabiendo que nos están impulsando a ser mejores versiones de nosotros mismos.

Desarrollar una autoestima es una de las maneras más poderosas para conectarnos con el Creador. Cada uno tiene una chispa del Creador en su interior, el potencial ilimitado de nuestra alma. Cuando reconocemos y apreciamos esto, nos acercamos al Creador y también a los demás. Podemos amar más a otras personas, ser más comprensivos, más clementes y más conectados con las personas que nos rodean.

Con una autoestima fuerte, podemos comenzar a ver que todos somos semejantes debido a que todos somos únicos.

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