El camino…

El día daba paso a la noche y la lluvia no dejaba de caer y cada vez lo hacía con más fuerza. En la carretera desierta, un auto lujoso trataba de avanzar, pero la torrencial lluvia bloqueaba su paso.

El conductor no tuvo otra opción que la de buscar un refugio para pasar la noche.

Fue entonces cuando vio una luz a lo lejos, en medio del bosque. Se desvió para ir en dirección a esa luz, llegando así hasta una pequeña cabaña. Se detuvo, tocó la puerta y pidió ayuda.

La puerta fue abierta por un pobre campesino, quien lo invitó a pasar. Fue recibido cariñosamente por una familia numerosa y alegre; una mujer y seis hijos que se amontonaron en la única habitación de la cabaña.

Arreglaron un lugar para que el visitante durmiera y compartieron con él su escasa comida.

Al día siguiente, con los primeros rayos de sol, el visitante se disponía a partir. Le agradeció por su hospitalidad al campesino y le hizo una pregunta:

“Disculpe que sea entrometido, pero estoy admirado y en realidad no entiendo como es que usted y su familia, viviendo en condiciones tan humildes y precarias pueden ser tan amables y felices.”

El anfitrión sonrió y le respondió con otra pregunta:

“¿Durmió usted bien aquí o no pudo dormir?

“Si” le respondió el visitante “pero yo tan sólo estoy en camino, este no es mi lugar”

“Ni el mío” dijo el campesino. “Solo estoy transitando por este lugar, en esta vida. Yo también estoy en camino.”

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