Cicatrices

Las marcas en arcilla seca desaparecen

Sólo cuando la arcilla se ablanda otra vez.

Las cicatrices del yo desaparecen Sólo cuando uno se suaviza por dentro. A través de la vida, pero especialmente durante la juventud, nos son infringidas muchas cicatrices. Algunas son el resultado de violencia, de abuso, de violación o de guerra. Otras surgen de la mala educación. Unas pocas vienen de la humillación y el fracaso. Otras son causadas por nuestras propias desventuras. A menos que nos recuperemos de esas heridas, las cicatrices nos estropean para siempre. Las escrituras clásicas nos urgen a renunciar a nuestras propias lujurias y pecados. Pero las cicatrices que se produjeron sin nuestra culpa también pueden impedirnos el éxito espiritual. Desafortunadamente, muchas veces es más fácil dejar un mal hábito que recuperarse de las incisiones de la violencia de otros. La única forma de hacerlo es mediante el auto cultivo. Los doctores y los sacerdotes sólo pueden hacer un tanto. El verdadero curso de la curación depende solamente de nosotros. Para lograrlo, debemos adquirir muchos métodos, viajar ampliamente, luchar por superar nuestras fobias personales, y tal vez lo más importante de todo, tratar de adquirir la menor cantidad de nuevos problemas que sea posible. A menos que lo hagamos, cada uno de ellos nos impedirá la verdadera comunión con la Luz.

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